sábado, 10 de octubre de 2015

LAS CUNITAS


¿Por qué lloro cuando veo esta imagen? ¿Por qué se me encoje el corazón cuando la observo? ¿Por qué esa acongoja que casi no me deja respirar cuando la observo detenidamente, con ese color ocre, ya natural?

No, no tengo respuesta a todo eso. Ni siquiera sé si soy uno de esos niños que están  alrededor de esa noria, a la que llamábamos cunitas. Atracción de feria que esperábamos con ansias tras un año largo de espera. No sé si es el dolor de saber que nada de eso existe, el saber que nunca más volverá, o que se me va el mundo poco a poco.

No lo sé.

Tan solo sé que es superior a mí. Todo lo que representa esa foto se incrusta en mi pecho como un puñal y ya con poca alegría. Son ya, después de más de cincuenta años, demasiadas cosas vividas desde aquel momento en el que esperaba mi turno para subir a una de esas cunitas. Y no, no veo alegría, porque la nostalgia me embarga.


La nostalgia y la pena de que ya no volverá. Sólo hay fantasmas.

sábado, 1 de agosto de 2015

A MI PADRE.

El entramado verbal de la conversación de mi padre con la participación de amigos en el bar del pueblo que él regentaba, iba dirigido siempre de modo  principal a su pueblo como objeto destacado de sus palabras y de sus afectos.

Las anécdotas, los sucedidos, los casos desgraciados o afortunados, los personajes, las costumbres, las emociones que nos unen a los del pueblo, encontraban en la conversación de mi padre una formulación nueva y de plurales aspectos que enriquecen nuestra convivencia y nuestra manera de vivir, pues un pueblo no es sólo el conjunto de sus calles y sus edificios ni solamente los humanos que lo habitan sino que es también este tejido verbal que, constantemente, lo explica y lo define y lo hacen entender mejor a los propios y adecuadamente a los ajenos.

Mi padre llegó a ser una especie de intérprete en su pueblo, un comentarista de su espíritu, algo así como portavoz y referencia del pueblo tan querido.

En una reciente visita al pueblo después de su muerte, encontré a una persona que, al saber quií﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽l que va allopcurr todas ellas me sentçia acogido como si fuera uno de sus clientes ms propios y adecuadamente a los aén era yo, me dijo: "Las ocasiones en las que me encontré con tu padre en su bar no fueron numerosas como a mí me hubiera gustado, pero en todas ellas me sentía acogido como si fuera uno de sus clientes más importantes”.

Y esto es algo que le ocurría a todo el que iba allí, porque una de sus características desde el punto de vista profesional era que se desvivía por atender igual de bien a sus amigos más cercanos y a sus clientes más fieles que a los que pisaban su bar por primera vez, porque sabía muy bien que como mejor se muestra la hidalguía es tratando de agradar a los demás sin caer en el servilismo.

El perfil personal de mi padre tenía un conjunto de rasgos que le hacían ser querido, respetado y admirado por propios y extraños: autenticidad, don de gentes, cordialidad, sentido paradigmático de la hospitalidad, del humor, del respeto y de la amistad, corrección en el trato, sensibilidad, etc.; y siempre estaba dispuesto a hacer cualquiera de las que él dominaba: agradar, servir y entretener. Él decía, como Platón, que no había que dejar crecer la hierba en el camino de la amistad.

No debemos olvidar que allá por el siglo XX, por fijar una fecha redondeada, la taberna o tabanco eran lugares de relación personal y de transmisión de pensamientos. Y que eran sitios obligados si uno quería tener una aproximación directa del acontecer humano. Los tiempos han cambiado y esos templos de la conversación improvisada han sido abolidos por la prisa y la aparición de un nuevo concepto de vida y relación.

Tantos amigos, le profesaron su cariño y admiración por ser quien era o, quizás, por ser como era o por las dos cosas a la vez.



miércoles, 29 de julio de 2015

INÉS

Como si fuera un reloj, su período de gestación fue perfecto. Perfecto fue su comportamiento, pues ni siquiera le hizo pasar malos ratos a su madre. Perfecta y delicada fue también en las fechas en que fue anunciada su llegada. Perfecto es su cuerpecito tierno y divino. Esto hizo que su familia se volcase enteramente en ella.

Como buen observador he tenido la complacencia de fijarme en los rostros de sus padres, de su familia, que no es corta, y en ellos se reflejaba tanta felicidad que hasta cuesta trabajo definirla.

Todos teníamos ansias por ver las carita de la nueva princesa que nos venía del cielo. Sus primitos, que ya llevaban tiempo besando a Inés desde antes de nacer, se mostraban nerviosos a la vez que expectantes ante algo que, para ellos, suponía algo nuevo, algo que les atañía como muy cercano, como si presintiesen que iban a conocer algo propio.

Y así fue como vino nuestra pequeña Inés, mi nieta. De una forma sencilla y humilde y que, instantáneamente se vino a colocar, ya de por vida, en el corazón de todos los que la amamos.




miércoles, 21 de enero de 2015

VISITA A ENFERMOS

Todos sabemos que nuestra sociedad -es decir, nosotros- estamos inmersos en unos comportamientos y costumbres que, sin proponérnoslo, aplicamos con absoluta impunidad en la vida diaria para con los demás.

En esta ocasión me voy a referir a las visitas a enfermos en los hospitales. Y para no herir susceptibilidades hablo de mi propia experiencia.

Cuando estuve ingresado recibía visitas de amigos que, curiosamente, tenían todos el mismo argumento: -Caray, me lo dijeron ayer y he venido enseguida. No lo podía creer. ¿Y qué es lo que te ha pasado realmente?

Yo: - El caso es que estaba paseando cuando de pronto empecé a sentir un dolor en el costado que…

El visitante te interrumpe sin miramientos.

Visitante: -Pues mira, mi cuñada tuvo exactamente lo mismo que tú y …

Acto seguido me cuenta la historia completa de su cuñada con toda clase de detalles. A continuación me dice que se tiene que ir porque está muy liado.

En resumen, que se ha ido sin saber el motivo de mi dolencia a pesar de, no sólo de venir a visitarme, sino también de habérmelo preguntado. Yo, sin embargo, me he enterado de todo lo ocurrido a su cuñada.

Y como este amigo, casi todos los visitantes actuaban de la misma forma, o al menos con el mismo patrón. Aunque hay algunos que, sin escrúpulos, rematan la faena diciendo que el enfermo del que habla falleció.


miércoles, 14 de enero de 2015

BOLSOS

Una de las cosas que siendo niño más sorprendieron en el cine fue una escena de Mary Poppins. Habría que verme la cara de asombro al observar todas y cada una de las cosas que sacaba de su bolso; cosas grandes, pequeñas, largas, cortas, estrechas, redondas y de todo pelaje.
Eso era autentica magia. Es la magia que, a esa edad, nos hace flotar por encima de las cosas que ocurrían a nuestro alrededor. Y sé que ustedes me entienden.
Lejos estaba en aquel momento de pensar que esa magia demostrada con un simple bolso en la pantalla, la iba a comprobar más adelante y de un modo real. Lógicamente me voy a referir a ella de una forma totalmente exagerada y bien cargada de ironía.
Y digo todo eso porque quién no se ha visto sorprendido alguna vez por la cantidad de cosas que hay en el bolso de una mujer… Y no sólo ya en cuanto a cantidad, sino también, en la diversidad de todo género. En algún caso hasta cosas inverosímiles que llegan a asombrarnos. Otra cosa es lo que les cuesta encontrar el objeto antes de sacarlo.
Tampoco faltarán esas frases ya comunes de: “Vaya, ahora no lo encuentro” “Anda, mira, aquí está lo que estaba buscando hace tiempo” “Juraría que lo metí en el bolso” y cosas por el estilo. Pero siempre se pronunciará la eterna coletilla: “Tengo que hacer limpieza en el bolso, que está…”.




domingo, 4 de enero de 2015

TERRIBLE EXPERIENCIA.

Estaba él tomando una café con unos amigos, y hablaban entre ellos sobre premios y loterías, del destino que darían a ese premio que todo el mundo anhela y necesita. Una vez en su casa, se le ocurrió pensar, sin tener ninguna razón para ello, qué es lo que le gustaría hacer si tuviese la suerte de que le tocara un buen premio en efectivo de forma que no tuviese que trabajar más en la vida. Después de cavilar un poco se le vino a la mente algo que sería realmente propio de una mente cruel, rencorosa y mezquina, aunque con ganas de un plato frío y sabroso.

Su plan sería que obviamente no tendría que enterarse nadie en absoluto. Faltaría al trabajo una serie de días aduciendo enfermedad o algo por el estilo para que la gente, y cuando dice gente, se refiere a aquellos que son compañeros suyos o a aquellos que se autonombran amigos de él. Después de faltar varios días al trabajo sin justificación oficial, dejar que le expulsasen.

Todo ello serviría, para aparecer poco después como la imagen de un indigente cualquiera. Tirado por los portales de las casas, sucio y maloliente, y acercarse a pedir limosna a aquellos que fueron sus compañeros y que dentro del trabajo le aceptaban o no, y también, a aquellos amigos que se vanagloriaban o no de ello.

Exquisita visión del paso de una vida a través de su camino y convivencia con los demás. Dios mío, cuántas cosas vería a su alrededor. Cuántos casos de hipocresía barata, cuántas frases a escondidas por mala educación, cuántas caras de extrañeza repentina y sobre todo cuántas caras de pena o lástima. Gente de mal corazón.

Sin embargo, en su interior estaría enormemente contento y agradecido de poder reírse de todo eso, pues sin gastarse un solo maravedí de lo atesorado, estaba viviendo de primera mano uno de los espectáculos más grotescos del ser humano desde que los tiempos existen.

No estaba hablando de un sueño, por lo tanto no tenía por qué preocuparse por despertar, estaría bien despierto para poder vengarse de todos aquellos energúmenos despiadados que dieron muestras de ello. Y no estaría la venganza en publicar que en fechas anteriores ya era rico, sino en comprobar a posteriori su repercusión en aquéllos.

Pero, desde luego, de los que sí estaba seguro es de que nunca se olvidaría de los buenos amigos, de los buenos compañeros que viendo su situación, tuvieron la maravillosa condición de auxiliarle.