El leve ruido de la puerta de la entrada al cerrarse, me
despertó. No había dormido bien esa noche y estaba un poco inquieto. Antes de
incorporarme me desperecé agradablemente.
Como suele ser ya mi costumbre por las mañanas, suelo echar
un vistazo por las habitaciones de la casa. Así comprobé que quien se había
marchado era Tomás. De hecho, cada día se levanta el primero porque va a la
universidad y ha de hacer trasbordo en el Metro. Tomás es un chico inteligente
y simpático aunque un poco despistado en todo lo que hace.
En la habitación del final del pasillo duerme Irene. Aún no
se ha despertado. Tiene trece años y un genio considerable. Disfruta de tener
buenas amistades en su colegio y yo creo que es debido a que tiene un talante
extrovertido y alegre. Adora a sus padres y les presta atención en todo cuanto
le aconsejan.
Josechu y Mari Carmen, sus padres, forman un matrimonio muy
unido y compenetrado. Ella trabaja y él lleva bastante tiempo sin trabajo, pero
se presta a hacer las labores de casa con esmero y competencia. También se
ocupa de mí cuando los demás no están en casa.
Creo que no he podido dar con mejor familia. Llevo viviendo
con ellos unos tres años, fecha en que me adoptaron y desde entonces todos se portan
muy bien conmigo. No puedo tener quejas de ninguno de ellos. Aunque bien es
verdad que, por mi parte, procuro molestar lo menos posible. Yo creo que hasta me
tienen muy mimado, de hecho, mis controles de salud periódicos se llevan a cabo
con total puntualidad, así como mi limpieza y cuidado. Tengo el mejor sitio de
la casa para mí, y me llevan a pasear todos los días.
Cuando vuelven a casa después de haber realizado cada uno
sus tareas, sé exactamente el tipo de humor que traen. Siempre me saludan cariñosamente
al llegar y yo, con mucho sigilo, procuro animarles y mimarles dentro de mis
posibilidades. Es algo que se me da bien a juzgar por los resultados. Por la
misma regla de tres también sé cuando no he de molestarles. Debo confesar que
les quiero muchísimo a todos. Es mi familia.
Bueno, no puedo extenderme más porque veo que Josechu se ha
levantado, vestido y ha cogido todo lo necesario, pues ahora toca que me saque
a pasear un rato. A pesar de mi corta edad, he aprendido bastante bien a
valerme por mí mismo y la silla de ruedas no es ya un impedimento para mí.
Ahora, si me permiten, me voy a desayunar con Josechu, mi
padre.